martes, 1 de noviembre de 2011

El sentido común no coincide con “el buen sentido”.

El siguiente escrito se concibió en el año 2003, cuando una serie de eventos y movimientos políticos (marchas) conmovían pasiones, necesidades y esperanzas internas. A varios años de expresar en letras esa serie de procesos que se filtraban entre mi piel y mis huesos los comparto con ustedes…ahora nuevas cosas hay que decir…Ro. Santaella.


“En relación con los fenómenos (...), el esquematismo del entendimiento constituye un arte oculto en lo profundo del alma humana. El verdadero funcionamiento de este arte difícilmente dejara la naturaleza que lo conozcamos y difícilmente lo pondremos al descubierto”.

Immanuel Kant, Crítica de la Razón Pura

Hemos llegado a la problemática de lo dicho y lo no dicho por los sujetos urbanos; Caracas y otras ciudades de este amplio país, presentan una nueva dificultad, que complica todas las anteriores; la ciudad a sufrido una metamorfosis, ya no es solo edificios y servicios, ni un colectivo de personas y símbolos viviendo en ella, ahora el pulso, el ritmo lo imponen las “Marchas”, con sus banderas divididas y reencontradas de una misma nación, narran los movimientos del presente. Pero, ¿Qué queda de estos momentos o vínculos entre ciertas ciudades y ciertos símbolos, cuando las músicas nacionales se encuentran con su doble?

“Cada ciudad recibe su forma del desierto al que se opone”, decía Marco Polo; el desierto, el bosque, la montaña y el concreto se rodean, se disgregan; perdiendo sentido, inventando un sentido; planteando un desafió territorial, lejano y ajeno a la multiculturalidad constitutiva de nosotros los habitantes, nosotros la ciudad.

No se trata de presentar un análisis disciplinario de este hecho. Un trabajo critico sobre la fragmentación de la ciudad/hombre, y de sus discursos e impulsos; sino propiciar y comprobar que el sentido común no coincide con “el buen sentido”.

Para avanzar en esta línea es necesario situar los procesos comunicacionales en un cuadro conceptual más amplio, que pueda surgir de las teorías, investigaciones u observaciones de nuestras propias realidades comunicativas y de cómo consumimos sus mensajes. Debemos admitir que el consumo construye parte de la racionalidad interactiva y comunicativa de una sociedad.

En suma, se trata de construir una racionalidad que pueda entender las razones de cada uno y la estructura de los conflictos y las negociaciones; para ello se debe conocer del Patrimonio Histórico y las culturas tradicionales, revelando sus funciones contemporáneas. Cuando, desde la sociología política, se indaga de qué modo un poder teatraliza y celebra el pasado para reafirmarse en el presente se construye un espectador que sintetiza tan variados formatos y procesos bajo un solo nombre, consumo impersonal; generando nuevos tipos de recepción y apropiación de comportamientos, cuya variedad va de la concentración individual a la colectiva.

Sobre esta tendencia han proliferado distintos estudios de múltiples disciplinas pero aquí lo centraremos en como el populismo es un modo de usar el consumo/cultural para edificar el poder.

En el populismo estatízante se resaltan valores tradicionales del pueblo asumidos dentro de una identidad, que legitima el orden que estos administran. De igual modo la proyección ideológica que defienden ciertas clases sociales pueden y dan una supuesta participación en un sistema que los incluye y reconoce. Participar es relacionarse con una democracia audiovisual, en que lo real es producido por las imágenes gestadas en los medios; aparecer en publico, es hoy, ser visto en T.V.

La identidad es una construcción que se relata y el punto de partida para un proceso constructivo, de estabilización y desarrollo, es entender cómo se reconstruyen las identidades en tiempos globalizados de segmentación e hibridación intercultural. Dicha reflexión sobre nuestra identidad y ciudadanía no debe basarse solo en la discursividad política; sino en el encuentro con el otro, el otro vecino, el otro nacional, el otro internacional.

Los actuales discursos sobre la productividad, que distintas ideologías políticas vocean, son actos mediáticos de integración entre obreros y empresarios subordinados al consumo, sin reflexión ante el hacer.

Hay que atreverse a perseguir las consecuencias de un entendimiento del mundo cotidiano, y ser coherente con ese entendimiento; sosteniendo que el lenguaje es mucho más importante de lo que habíamos creído hasta ahora..., lo mismo que las emociones.

Emociones, que dinamizan lo corporal, formando ríos de personas que caminan y marchan (la expresión de la emoción niega la emoción expresada por su doble). Confundimos frecuentemente emoción con sentimiento, y en el proceso negamos nuestra emoción, buscando la expresión de nuestro sentir. Ahora, ¿Qué ocurre con el sentir del otro?, ¿el sentir del otro, dinamizara mi propio sentir?

En el fondo esas preguntas casi lo dicen todo.

Las metamorfosis implican un universo fluido en el que las cosas no están endurecidas en su identidad, sino que participan en una gran unidad en movimiento. Procesos subjetivos imaginarios se concretan en las cosas sucesos/objetos-, que los espectadores/actores vuelven a convertir a su vez en subjetividad.

Hay que crear un espacio de convivencia, en el que el uno sea tan legítimo como el dos. “La cultura es maneras de vivir (...), moldeando nuestro pensamiento, nuestra imagen y nuestro comportamiento”.

Lo que se nos presenta hoy en día es un espacio de confrontación, donde los valores culturales, percepciones, imágenes, formas de expresión y de comunicación se enfrentan, convirtiendo la cultura en una zona de desplazamiento, entre un mercado simbólico y otro. Es un proceso relacional, en el sentido de que se tiene que construir/destruir simultáneamente hacia dentro y hacia fuera. Quizás esto significa, que las dos culturas que se oponen son mutuamente excluyentes.

Un buen camino para repensar estas cuestiones, es pasearse de manera asociativa por la historia del desarrollo y del modernismo en Latinoamérica. Puestos que fuimos colonizados por las naciones europeas más atrasadas, sometidos a la contrarreforma y otros movimientos anti-modernos, solo con la independencia pudimos iniciar la actualización de nuestros países. En el caso venezolano, fuimos vistos solo como una capitanearía de puerto; sin lazos de residencia y construcción de lo propio.

Ese desconocimiento de lo original, aun condicionan el comportamiento y la función sociocultural del ciudadano. Hoy en día el desarrollo cultural, es alimentado por la pluralidad de creencias, y el repertorio de símbolos, que construyen la identidad nacional desde la desnacionalización, y reordenamiento industrial de la cultura, a través de la recreación de las desigualdades.

La existencia de este campo, funciona como escena de reelaboración y estructura re-ordenadora de los modelos internos, de consumo y participación sociocultural.

Entre todos estos cambios, la transferencia de la escena política a los medios electrónicos es el procedimiento que preserva de un modo más apolítico, lo que la política tiene de acción.

No siempre el desenlace de la transustanciación de la acción política, es el resultado del análisis real de las características ciudadanas y de consumo; las cuales son los elementos primordiales del imaginario colectivo. Es por ello, que se debe propiciar a una búsqueda de la perspectiva crítica y tautológica del comportamiento y sus efectos.

Roberto Santaella

Enero de 2003


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